Desde que éramos pingüinos en el 2006, Educación ha venido siendo “el tema”. El 2011 el sistema de educación chileno ha sido puesto por primera vez en jaque. Podríamos incluso decir que, al menos, hemos avanzado en ganar la batalla ideológica en pos de una educación fundamentalmente gratuita y de calidad en todos sus niveles, y que se haga cargo de incluirnos a todos en el país, en vez de segregarnos.
La problemática educativa es fundamental para el logro de un desarrollo democrático, justo y equitativo. Sin embargo, muchos de los planos de la discusión sobre educación no han sido del todo abordados ni por la Universidad, menos aún por el país. ¿Estamos hoy generando y explorando a gran escala experiencias escolares inclusivas, de alto nivel e impacto, pertinentes a los problemas sociales de los chilenos? ¿Estamos llegando como Universidad a las escuelas y a las comunidades escolares? ¿Estamos formando profesores y profesoras, y educadoras y educadores de párvulos capaces de combatir la ignorancia o las desigualdades de todo tipo a partir de su propia acción profesional (sociales, de género, étnico-culturales…)?
Donde más se detecta hoy el lucro en la educación superior es en universidades de retail que imparten gran cantidad de pedagogías y forman a miles de profesores/as (“Las Américas”, “Viña del Mar, etc.), y como Universidad de Chile ¿qué estamos haciendo al respecto? La Universidad de Chile no puede sentirse completa, ni cumplir su misión institucional sino asume en serio la necesidad de formar profesores para todos los niveles y modalidades, investigando y realizando formación de postgrado en todos los campos referidos a la educación.
La discusión institucional (de si la U debe o no re-fundar una Facultad de Educación) debe ponerse al servicio de esos objetivos y no al revés. Formar profesores es uno de los desafíos más relevantes de la sociedad del conocimiento. No asumirlo es dejar a la U coja y al país sin capacidad para sostener en el mediano y largo plazo cambios de fondo en educación.
Creemos que la formación de pregrado en el área educación debe concentrarse en un solo lugar institucional, recogiendo y potenciando las buenas aunque pequeñas experiencias que existen hoy en Juan Gómez Millas; que debe abrirse de una vez por todas la carrera de profesor/a de enseñanza básica; que el actual programa de formación de parvularias en la FACSO —y que sus propias estudiantes han denunciado como muy deficitario— debe ser enteramente reformulado.
Como en cualquier área disciplinaria y profesional de la U, creemos que la investigación y la docencia deben nutrirse mutuamente y no estar separadas en el caso de educación. Diferentes Departamentos y Facultades deben intervenir también directamente en la formación de profesores de media (y básica y parvularia cuando corresponda).
Sobre la vuelta del Pedagógico a la UMCE, y habiendo la FECH impulsado este regreso en 1992 y en 2000, creemos que la única manera de que la U y su ex – Instituto Pedagógico vuelvan a encontrarse es sobre la base de conversar a un mismo nivel. Mientras la U no tenga algo muy bueno y visible en educación no podrá darse ese diálogo ni la necesaria convergencia.
Sin embargo, más que pensar en recuperar sus sedes, lo que la U debe hacer HOY es potenciar y liderar una RED DE UNIVERSIDADES ESTATALES destinada en todo el país a formar los mejores profesores y profesoras de Chile y en todos los niveles, que sean innovadores, orgullosos de su labor y “todo terreno”, que sean capaces de hacer un aporte fundamental a que Chile sea un país democrático y justo.
Sólo sobre estas bases la Universidad de Chile hará un aporte de fondo al país, impulsando y sosteniendo en el largo plazo los cambios que estamos exigiendo en el sistema de educación, y los cambios culturales que necesitamos, sobre todo en lo referido a formación, valoración y condiciones de trabajo para los docentes.

